Esta película dirigida por Todd Phillips y que se engloba dentro del universo de DC, nos narra la génesis de uno de los villanos más icónicos de Batman: el Joker. Arthur Fleck vive en Gotham junto con su madre. Trabaja como payaso y disfruta haciendo reír a la gente. Sin embargo, su enfermedad mental junto con una serie de trágicos acontecimientos provocará su descenso a la locura.
Uno de los primeros elementos que tengo que destacar es el gran trabajo de Todd Phillips. Hasta ahora solo lo había visto tras las cámaras en la trilogía cómica de Resacón en Las Vegas. Pese a que las películas me gustaron, la dirección me pasó bastante desapercibida. Sin embargo, aquí me ha ocurrido todo lo contrario. Desde el principio, vemos unas atmósferas lúgubres, asfixiantes y crispadas de una Gotham que sufre grandes problemas sociales. Además, el ritmo que marca Phillips para ver el desarrollo de nuestro protagonista, así como la crispación progresiva que se va dando en la ciudad es brillante. Otro elemento que me gustó mucho fue el tratamiento del color, visualmente espectacular, que consigue trasportarte a los años 80.
Como era evidente, solo tengo palabras de alabanza para la gran interpretación de Joaquin Phoenix. Este hombre siempre da el 100% en sus actuaciones y esta no ha sido una excepción. Phoenix nos muestras dos caras de la moneda. Por un lado, tenemos a un Arthur inocente y que quiere ser aceptado por una sociedad que una y otra vez encuentra motivos para rechazarlo y aislarlo. Mientras que por otro, tenemos a un Arthur decidido a hacerse notar por los medios que sea y a castigar a aquellos que no encajan en su criterio de justos. Sin embargo, no es un cambio inmediato, Phoenix nos muestra una evolución progresiva y la construcción del álter ego del Joker. Esta construcción la vemos con las escenas del baile, con la violencia, las injusticias, etc. De tal manera, que nos queda un personaje perfectamente construido con el que somos capaces de empatizar.
Sin embargo, la película busca que empaticemos con Arthur, pero no que estemos de acuerdo con su forma de proceder. Se nos muestra una sociedad en la que prevalece la ley de la jungla, una sociedad con claros problemas sociales (aislamiento de determinados sectores, recortes, sentimiento de abandono por la clase gobernante, brotes de violencia y criminalidad) y en la que el surgimiento de un personaje como el Joker tiene sentido. Lo más crudo de esta película, lo encontramos en que en ningún momento se nos oculta que Gotham es Nueva York, lo que crea una conexión entre los problemas que vemos en pantalla y los de nuestro día a día. Y lo más triste es que esos problemas están presentes en la realidad, algo que como espectadores nos incomoda. Así, presenciamos una clara crítica al modelo de sociedad en el que vivimos.
Por último, me gustaría destacar el gran trabajo de Hildur Guðnadóttir con la banda sonora. A través de ella, vamos presenciando la crispación de Gotham y los cambios emocionales y mentales de Arthur. Además, cuenta con unas pistas realmente potentes y que puedes pasarte horas escuchando.
Con todos estos elementos a su favor, Joker es para mí una de las mejores películas que he visto este año. No solo es entretenida y visualmente increíble, sino que también da lugar a una reflexión social. No voy a entrar en el absurdo debate de qué Joker es mejor, si Phoenix, Ledger o Nicholson porque creo que son interpretaciones diferentes del mismo personaje que no tienen elementos en común salvo el nombre. Heath Ledger nos presentaba de manera impecable a un Joker imprevisible y caótico. Jack Nicholson, por su parte, nos muestra a un Joker más teatral y estrambótico. Y finalmente, Joaquin Phoenix nos muestra a un Joker que da rienda suelta a su locura contra las injusticias del mundo. Tres interpretaciones magistrales que nada tienen que envidiar las unas a las otras.