Una cuestión de género (2018)

Este biopic estadounidense nos narra un período de la vida de Ruth Bader Ginsburg. Acompañamos a Ruth (Felicity Jones) desde su primer año en la universidad de Harvard en la que estudió derecho, hasta el primer caso en el que tuvo que ejercer como abogada y que dio pie al cambio de la sociedad en cuestiones de género.

El guion está muy bien planteado, aunque hay algún que otro cliché típico de estas películas sobre la abogacía. Desde el primer momento vemos la resolución de Ruth de conseguir su objetivo: ser una abogada. Pero pronto se da de bruces con la realidad. Debido a la mentalidad conservadora y caduca de su época debe dejar a un lado la abogacía y dedicarse a la docencia, puesto que “es un puesto más adecuado para una mujer”. Después, vemos la resignación y la frustración de Ruth con su situación. Se da cuenta de que sus sueños se han esfumado, pero todavía hay tiempo para el cambio. Con el apoyo de su marido, Martin Ginsburg, se encarga de un caso que podría sentar precedente y cambiar las leyes que discriminan a las mujeres y por lo tanto contradice el artículo que dice que todos somos iguales ante la ley.

A lo largo de la película, vamos viendo esta evolución de nuestra protagonista. La vemos enfrentarse a situaciones y argumentos machistas que hacen que te hierva la sangre. Sin embargo, hay muchas escenas que son demasiado idílicas. Dan una imagen de que la igualdad se ha conseguido en un abrir y cerrar de ojos, pero es un largo proceso que sigue en curso todavía.

Si nos centramos en la dirección, la verdad es que hay poco que destacar. Mimi Leder nos presenta una película solvente, con secuencias rápidas y un reparto bastante bueno. No hay ningún elemento, fuera de la trama, que la diferencia de tantas otras historias sobre juicios como Roman J. Israel, Esq., por ejemplo. De todas formas, considero que es una película relevante y que logra captar tu atención durante todo el metraje.   

Puntuación: ★★★

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