Esta comedia francesa va de menos a más. El gran baño nos presenta una historia de persistencia, comprensión y amor. Nuestro protagonista Bertrand (Mathieu Amalric) es un hombre con depresión que decide dar un giro a su vida apuntándose a un equipo de natación sincroniza masculino. Allí, vamos conociendo las historias del resto de los personajes, así como de la entrenadora.
La primera mitad de la película empieza algo floja. No es únicamente porque tengan que presentarnos las diferentes tragedias personales de cada uno de los personajes, sino porque cuenta con escenas cómicas que carecen de gracia alguna. Muchas veces me planteo si el no hacerme gracia se debe a que es un humor procedente de otro país con el que no estoy familiarizada, o si se debe a que es una escena mal hecha.
Sin embargo, como ya os he adelantado, la cosa va mejorando. Poco a poco vas empatizando con los personajes, a pesar de mostrarte muchas situaciones con las que son difíciles empatizar (riñas familiares a medio construir, falta de ojo emprendedor, inocencia extrema). Además, ver el ímpetu que ponen en seguir adelante es algo inspirador y lo que se agradece es que no intenten hacerte creer que con soñar es suficiente. Has presenciado el trayecto que han tenido que recorrer para un cumplir un objetivo que se habían propuesto: participar en el mundial de natación sincronizada masculino.
Otro aspecto a destacar es que no es una película pretenciosa. Solo intenta hacer que el espectador pase un buen rato y, con algunos altibajos, lo consigue. Además, cuenta con grandes nombres del cine francés como Guillaume Canet o Benoît Poelvoorde entre otros. Así que, si quieres emplear unas horas muertas en ver a este atípico equipo, pasarás un buen rato.