Esta película dirigida por Joel Edgerton nos narra la historia de Jared Eamons. Un joven que a los 19 años les dice a sus padres, un predicar baptista y una fiel creyente, que es gay. En ese momento, Jared empieza a ser presionado para que asista a un programa de conversión gay.
Primero tenemos que detenernos en el reparto principal de esta cinta. Lucas Hedges, quien interpreta a Jared, es lo mejor de la película. Su retrato hace que sientas toda la frustración y dolor del protagonista. Una de las escenas que más me impactaron fue el enfrentamiento de Jared con su padre, Marshall Eamons (interpretado por Russell Crowe). En esta escena Hedges lo da todo. Vemos el conflicto interno de un joven que es consciente del daño que le ha causado su padre, del amor que aún siente por él, del resentimiento, pero también la esperanza que alberga de encontrar un camino hacia la reconciliación. Por su parte, las interpretaciones de Nicole Kidman y Russell Crowe son también muy buenas. Ambos, nos muestran otro conflicto interno: la conciliación de sus creencias con el amor hacia su hijo.
Si nos centramos en la dirección de Edgerton, vemos que es muy correcta, pero tampoco destaca por ningún aspecto. Si tuviera que decir algo sería que en ciertos momentos carece de la emoción que debería tener. Sí, las escenas que vemos en el programa son bastante frustrantes, pero no llego a sentir ni la ira del protagonista, ni la de los otros participantes. Uno de los momentos claves de la película, cuando Jared se entera del suicidio de uno de sus compañeros, queda completamente vacío. Entendemos cómo afecta al protagonista, pero no lo sentimos.
Con todo ello, creo que es una película realmente interesante que trata con mucha delicadeza y respeto temas como la homosexualidad y la religión. Temas que normalmente suelen presentarse como excluyentes, pero que el largometraje demuestra que no tienen porqué serlos.