Este último largometraje de Steven Soderbergh nos presenta una explicación de los acontecimientos que confluyeron para que estallara el escándalo de los Panama Papers, así como una crítica al sistema legal que permite que los ricos se hagan aún más ricos a costa de los demás.
Como siempre la dirección de Soderbergh es algo digno de ver. En esta ocasión, rompe constantemente la cuarta pared para confiarnos los secretos que permitieron a Mossack (Gary Oldman) y Fonseca (Antonio Banderas) ayudar a tanta gente a incrementar su ingente fortuna. En un montaje que recuerda a La gran apuesta, nos va explicando cada una de las estratagemas con un lenguaje simple para que inexpertos como nosotros podamos seguir la trama. Esos elementos hacen que la película resulte ágil y ligera. Sin embargo, la constante fragmentación de la trama principal en subtramas hace que vaya perdiendo ritmo y que acabes viendo la película como un puzle en el que no todas las piezas terminan encajando a la perfección.
Además de la dirección, otro plato fuerte de la película lo encontramos en su reparto formado por Meryl Streep, Gary Oldman y Antonio Banderas. Sabemos de sobra la gran actriz que es Meryl Streep, sin embargo, en esta ocasión su interpretación pasa bastante desapercibida. Su personaje nos sirve de hilo conductor para entender el desarrollo de la historia y para criticar las prácticas que vemos, pero no nos ofrece mucho más que eso. Por otro lado, tenemos a Oldman y a Banderas que nos ofrecen una interpretación muy interesante, ya que, al fin y al cabo, son los personajes con más peso de la película. El personaje de Mossack nos sirve como elemento cómico, en contraposición con la seriedad de Fonseca. Así, la interpretación caricaturesca de Oldman de este abogado alemán hace que consigamos reírnos un poco de las injusticias. Por su lado, Banderas nos ofrece a Fonseca, un hombre impulsivo con una visión cínica del mundo. De esta manera, contamos con un dueto que irradia química y que se complementan a lo largo de la narrativa.
Pero, nos tenemos que centrar sobre todo en el tema que se nos expone en este filme. Si bien es cierto que se nos ofrece una versión simplificada de los acontecimientos, nos es más que suficiente para entender la crítica que el director intenta hacer. Se nos muestran los vacíos legales que permitieron a esta gente salirse de rositas y de la incapacidad o desinterés por remediarlo. Al fin y al cabo, si los que ostentan el poder se benefician de esto, ¿qué necesidad tienen de crear un sistema más justo? Vivimos en un mundo tramposo y solo aquellos con más descaro y con la mejor estrategia son los que salen ganando. Pero una de las críticas más importantes que se hacen es que, aunque se puso el foco de atención en los paraísos fiscales como los causantes de todo esto, en realidad en nuestros propios países existen esas mismas prácticas y solo se necesitan a cualquier Mossack y Fonseca para llevarlas a cabo.
Puede que no sea una de las mejores películas de crítica social, pero gracias a su dirección, su reparto y su montaje resulta interesante echarle un vistazo. Además, es un tema de bastante actualidad, ya que estas prácticas no han dejado de existir y no parecen que vayan a desaparecer en un futuro cercano.