Anoche fui a ver la segunda parte y conclusión de It. En esta ocasión, nuestros protagonistas se reúnen después de 27 años haciendo honor a la promesa que hicieron de regresar a Derry si “eso” volvía. Se verán forzados a recordar aterradores episodios y a enfrentarse a “eso”, además de a sus propios monstruos.
La verdad es que salí bastante contenta de la sala (de 5 que fuimos, solo a mí pareció convencerme la cinta) teniendo en cuenta la difícil tarea que tenía Andy Muschietti de adaptar la conclusión de esta historia. Fue muy inteligente al intercalar escenas de nuestros protagonistas de jóvenes con las de sus yoes adultos. Te sirve para entender más a los personajes adultos (su evolución, sus temores, sus secretos) y para recordar cosas si eres algo despistado. Además, Muschietti trabaja muy bien la tensión durante toda la película y va constantemente in crescendo. Pero, no solo se trata del suspense, también hay terror puro. Te pasas mirando la pantalla de forma frenética en busca de cualquier elemento que pueda asustarte, incluso cuando no lo hay. Y otras veces simplemente te vale con ver las diferentes formas que adopta “eso”, como la del payaso Pennywise (Bill Skarsgård), para sentir ese miedo.
Pero no todo son sustos, también tenemos a nuestros personajes y sus propias historias. Es muy interesante ver cómo nuestros personajes han crecido, pero no han madurado. Vemos como Beverly (Jessica Chastain) repite el mismo patrón y acaba con un nombre controlador y violento como lo era su padre. Lo mismo le ocurre a Eddie (James Ransone) que acaba casándose con la viva imagen de su madre. Por su parte, Richie (Bill Hader) sigue escondiéndose detrás de su bocaza (aunque le haya servido para ganarse la vida) para no afrontar los problemas. Bill (James McAvoy) por su parte se dedica a evadirse de los recuerdos en sus novelas, aunque nunca sepa darles conclusión. Eso claramente se debe al sentimiento que Bill tiene de que su capítulo en Derry no ha concluido y sabe que en algún momento deberá regresar. Estas historias están realmente bien trabajadas lo que ayuda al desarrollo coherente de la cinta.
Una reflexión que se hace durante la película y que personalmente me gustó mucho fue la de que los recuerdos alegres son los que más fácil se van haciendo cada vez más borrosos, mientras que los malos permanecen con todo lujo de detalles. Y es lo que vemos reflejado en nuestros protagonistas. Vemos a personas marcadas por riñas, separaciones o por sucesos traumáticos. Sin embargo, no tiene porqué ser siempre así. De hecho, nuestros protagonistas aprenden a dejar atrás estos malos recuerdos al enfrentarse a ellos y al verse obligados a recordar, se acaban quedando con los buenos.
Si nos centramos en el reparto, apreciamos que están todos de lujo. Bill Skarsgård vuelve a aterrorizarnos con cada gesto o mueca que pone y esta vez sin maquillaje. Nuestros protagonistas también hacen un gran papel, aunque a mí me gustaría destacar el trabajo de Bill Hader. Nos muestra diferentes caras del personaje de Richie dándole una gran profundidad. Descubrimos su más oscuro secreto, lo vemos atemorizado y valiente a la vez, tan ingenioso como siempre y, en esta ocasión, vulnerable. Hader nos regala una gran interpretación en uno de los momentos más trágicos de la cinta.
Solo me queda decir que, aunque es mejor su predecesora, It. Capítulo dos es una gran conclusión para la historia. Podemos estar más o menos de acuerdo con la forma en la que derrotan a “eso”, pero todo lo que hemos visto durante el largometraje compensa esa única pega. Por ello, si queréis pasar miedo durante casi tres horas, esta es vuestra película.
P.D.: SPOILER. Me hizo muchísima ilusión ese cameo de Stephen King.